Hacé lo que quieras, por Matías “Mackenzie” Quiroz

(ARGENTINA) – El que no se adapta tal vez no muera, pero lo que es seguro es que no será feliz: hoy “Mackenzie” te explica por qué no hay que quedarse quieto. Egresado de Under, redactor en la agencia digital Coupé Buenos Aires, ganador en Diente 2015 y ahora, columnista de PRIMER BRIEF: Matías “Mackenzie” Quiroz te acerca mensualmente sus Mackenthings para contarte todas las cosas que vive y piensa acerca de la publicidad.


La bizarra escena del bar en ‘Kickboxer (1989)’ en la que descubrimos sus dotes como bailarín quedará para la posteridad, pero sin dudas JCVD se ganó el título de ‘El hombre más flexible del mundo’ en el año 2013, con su ya histórico ‘Epic Split‘.

 
TEXTO POR MATÍAS “MACKENZIE” QUIROZ
Redactor de Coupé Buenos Aires
Redacción especial para PB

 
Un tiempo después de haber empezado en publicidad y haber ganado en el Diente, empezaron a aparecer personas conocidas mías, que de repente, siempre habían creído en mí. Parece que todo el tiempo habían visto claro mi futuro y nunca habían dudado de que lo alcanzaría. Me llegaron mensajes y rumores durante meses. Me acuerdo de que lo primero que pensaba era qué bien lo ocultaste, desgraciado. Cómo me convenciste de lo seguro que estabas de que fracasaría. Recuerdo a una chica con la que cursé el CBC, que todas las semanas me retaba (!) porque yo, en paralelo, tomaba cursos de administración de empresas, liquidación de sueldos, marketing y community management: “Si no te decidís por una cosa nunca vas a llegar a ninguna parte, Matías”. Yo, por un lado, siempre supe a dónde iba. Pero por el otro, me preguntaba por qué tenía que decidirme “por una cosa”.

Hace un tiempo decidí estudiar Programación, dejando de lado la idea de estudiar Semiología, después de haberme convertido en publicista, para lo que dejé Comunicación Social y estudié Creatividad Publicitaria. Hace algunos días, convencido del potencial de una idea y decidido a llevarla a cabo, me inscribí en Ciencias de la Computación. Sin embargo, a veces, seducido por otras maquinaciones, me pregunto si debería haberme anotado en Ingeniería Electrónica, Industrial o, por qué no, en Diseño de Indumentaria y Textil. Todo esto, a la vez que pienso en que sería un gran semiólogo. Y podría elegir sólo una cosa, pero por qué debería hacerlo. ¿Quién dice que así debe ser? ¿Por qué no puedo ser todo lo que quiera? ¿Por qué no puedo hacer lo que se me dé la gana? ¿Y si lo que elegí, convencido de que era lo mío, no me gustó? ¿No puedo volver a elegir, entonces? ¿Y si soy capaz de ser muchas cosas? ¿Y si depende de mí?

Tolkien dijo alguna vez: “No todos los que viajan sin rumbo están perdidos”. Y en verdad creo que nuestro andar errante no significa eso. Estoy convencido de que lo que revela es cuánto podemos. No encajar en los parámetros de las personas que nos juzgan no es nuestro problema —o no deberíamos permitir que lo sea—. Donde ellos ven una vida desordenada, nosotros vemos un mundo lleno de posibilidades. Nuestro mundo. Ellos son estructurados; nosotros, flexibles. No hay nada de malo en eso. Pero sí hay mal en que ajustes tu vida a la medida de otra persona. Que hagas, no hagas o deshagas porque a alguien más le parece bien o mal que así sea. Si sabés que das para más, dalo todo. Al final (y desde el principio), nuestra industria se caracteriza por su creatividad, y la creatividad se desarrolla haciendo. No te gastes con algo que no te gusta, invertite en lo que siempre quisiste.

Cambiar no está mal. Cambiar nos ayuda a adaptarnos. Pensar hoy algo diferente a lo que defendíamos ayer en una de esas no sea inconstancia: quizá sea madurez. Cambiar hábitos, amistades, trabajos, parejas está bien si así nos acercamos a lo que queremos. Si no fuéramos flexibles no aceptaríamos los cambios; y si no cambiáramos, no progresaríamos. A las personas les puede gustar más o menos, o puede disgustarles por completo. Pueden apoyarte en cada paso que des, o criticarte por cada cosa que hagas. Pero no interesa quién no crea en vos, si vos lo hacés.
Cambiá cuantas veces sea necesario hasta convertirte en quien sos en realidad.

Bienaventurados los flexibles, porque ellos no se quebrarán.

Mackenzie
 
 

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