{"id":10662,"date":"2012-05-11T04:02:57","date_gmt":"2012-05-11T07:02:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.primerbrief.com\/?p=10662"},"modified":"2012-05-30T13:19:50","modified_gmt":"2012-05-30T16:19:50","slug":"que-empiece-el-espectaculo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.primerbrief.com\/?p=10662","title":{"rendered":"Que empiece el espect\u00e1culo"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: 11pt\"><strong>(BRASIL) &#8211; Como buen fot\u00f3grafo que es, Paulo da Fonseca describe en 683 palabras la fotograf\u00eda que guarda desde hace 28 a\u00f1os en un caj\u00f3n de su memoria: la del d\u00eda que su padre lo llev\u00f3 al circo, en su pueblo, para satisfacer su enorme expectativa de encontrarse con el poderoso le\u00f3n. La descripci\u00f3n, escrita a trav\u00e9s de una lente y unos filtros llamados a\u00f1os, madurez y nostalgia, emociona: en este caso, 683 palabras valen mucho m\u00e1s que una imagen.<\/strong><\/span><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.primerbrief.com\/wp-content\/uploads\/2012\/05\/BRA-EspectaculoLeon-580px.jpg\" width=\"580\" height=\"326\" class=\"alignleft size-full wp-image-10664\" srcset=\"https:\/\/www.primerbrief.com\/wp-content\/uploads\/2012\/05\/BRA-EspectaculoLeon-580px.jpg 580w, https:\/\/www.primerbrief.com\/wp-content\/uploads\/2012\/05\/BRA-EspectaculoLeon-580px-300x168.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 580px) 100vw, 580px\" \/><br \/>\n<em>\u00abYo s\u00f3lo ten\u00eda una simple m\u00e1scara de papel con la imagen de un le\u00f3n, impresa en mala calidad y con un el\u00e1stico para poder sujetarla a mi cabeza\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<br \/>\n<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.primerbrief.com\/wp-content\/uploads\/2011\/06\/staff-paulo1.jpg\" width=\"60\" height=\"60\" class=\"alignleft size-full wp-image-4110\" style=\"margin: 0px 10px 0px 0px\" \/><strong>POR <a href=\"http:\/\/www.primerbrief.com\/?tag=paulo-da-fonseca-brasil\" onclick=\"_gaq.push(['_trackEvent', 'outbound-article-int', 'http:\/\/www.primerbrief.com\/?tag=paulo-da-fonseca-brasil', 'PAULO EDUARDO DA FONSECA']);\" target=\"_blank\">PAULO EDUARDO DA FONSECA<\/a><\/strong><br \/>\nFot\u00f3grafo y cronista de PB<br \/>\n<em>(Foto: http:\/\/thedaddyyodude.blogspot.com.ar)<\/em><\/p>\n<p style=\"clear:left;\">\n<p>&nbsp;<br \/>\nEra 1984. Mi padre me llev\u00f3 a un circo que, por primera vez, pasaba por mi ciudad.<\/p>\n<p>Yo era de un pueblo peque\u00f1o. Hab\u00eda visto algunas ferias y circos, pero \u00e9ste era diferente. Ven\u00eda de la capital y, adem\u00e1s de atracciones como el globo de la muerte o el hombre bala, ten\u00eda lo que todo ni\u00f1o sue\u00f1a ver de cerca: un le\u00f3n.<\/p>\n<p>Toda la ciudad fue tomada por la ansiedad de aquel estreno, o tal vez s\u00f3lo unos pocos ni\u00f1os \u2014por lo que no me acuerdo muy bien\u2014, pero lo cierto es que en mi escuela, el epicentro del universo para un ni\u00f1o de 8 a\u00f1os, no se hablaba de otra cosa. Algunos de los padres en mejor situaci\u00f3n econ\u00f3mica llegaron incluso a enviar a sus hijos a la escuela con exuberantes disfraces de le\u00f3n muy currados, con todo tipo de telas y una gran cabellera.<\/p>\n<p>Yo s\u00f3lo ten\u00eda una simple m\u00e1scara de papel con la imagen de un le\u00f3n, impresa en mala calidad y con un el\u00e1stico para poder sujetarla a mi cabeza. Pero la imaginaci\u00f3n de un ni\u00f1o es una bendici\u00f3n, especialmente en una \u00e9poca en que todav\u00eda no hab\u00eda internet, y yo, con mis ocho a\u00f1os, rug\u00eda por los pasillos de la escuela con la voracidad de un le\u00f3n que reina en una manada.<\/p>\n<p>Aquel ansiado domingo por la ma\u00f1ana mi hermano, mi padre y yo esperamos durante horas en esa enorme fila a las puertas del evento, protegidos del sol por la sombra de los grandes toldos del Circo Volador. Para m\u00ed esa fila dur\u00f3 d\u00edas enteros. Mientras tanto hac\u00eda dibujos en la tierra con mis pies para pasar el tiempo, y ni siquiera las palomitas de ma\u00edz sirvieron para calmar mi ansiedad. Recuerdo haberlas contado una por una.<\/p>\n<p>Cuando finalmente entramos, nos sentamos en la cuarta o quinta fila de las gradas, y la verdad es que no recuerdo muy bien las primeras atracciones que vimos aquel d\u00eda. Creo que hab\u00eda payasos, malabaristas y algunos animales, no lo s\u00e9.<\/p>\n<p>Ya hab\u00eda pasado casi una hora de espect\u00e1culo cuando las luces finalmente se apagaron. Gracias a la poca luz del sol que entraba a trav\u00e9s de la lona, pod\u00eda ver a los ayudantes abrir la jaula y sab\u00eda que el momento que tanto yo como toda la ciudad esperaba, estaba a punto de llegar: el rey estaba a punto de aparecer.<\/p>\n<p>Recuerdo m\u00e1s la sensaci\u00f3n que tuve que el espect\u00e1culo en s\u00ed. Contuve mis ganas de llorar y confieso que tuve la carne de gallina durante todo el n\u00famero (al igual que ahora que escribo sobre ello, 28 a\u00f1os despu\u00e9s).<\/p>\n<p>Yo ten\u00eda la mano de mi padre cogida con todas mis fuerzas.<\/p>\n<p>Ah\u00ed estaba el le\u00f3n, con su pata levantada y su rugidos ensordecedores, amplificados por el silencio de un p\u00fablico asustado.<\/p>\n<p>Gigante. Imponente. Poderoso.<\/p>\n<p>\u00bfPoderoso?<\/p>\n<p>A\u00f1os despu\u00e9s de aquella ma\u00f1ana de domingo por la ma\u00f1ana llegaron los zool\u00f3gicos, los libros de texto de biolog\u00eda, las innumerables reproducciones de <em>El rey le\u00f3n<\/em> en cine, v\u00eddeo y Blueray, comenc\u00e9 a preguntarme qu\u00e9 hac\u00eda un animal como ese en una jaula de dos metros cuadrados, aturdido por los tranquilizantes y acorralado por un hombrecito peque\u00f1o vestido con un traje rojo con hombreras.<\/p>\n<p>\u00bfEra este el poderoso le\u00f3n?<\/p>\n<p>La verdad es que no le di muchas m\u00e1s vueltas a aquello. Prefiero mantener los colores intactos en la foto que tengo guardada en mi cabeza, y no asumir que ese le\u00f3n era s\u00f3lo una caricatura del animal, que tan s\u00f3lo alcanzaba para alimentar la imaginaci\u00f3n de un ni\u00f1o de 8 a\u00f1os, a lo sumo 12.<\/p>\n<p>Al final, todo bien. Fue por eso que mi padre pag\u00f3 la entrada.<\/p>\n<p>Y hablando de mi padre, no recuerdo verlo sonre\u00edr o llorar ese d\u00eda. \u00c9l fue all\u00ed s\u00f3lo por los ni\u00f1os. Creo que en ese momento mi padre, incluso sin todas las referencias de internet, los diferentes medios de comunicaci\u00f3n o la globalizaci\u00f3n de las marcas, ya entend\u00eda la diferencia entre aquel le\u00f3n y un le\u00f3n de verdad.<\/p>\n<p>Sigo admirando a los leones pero, hoy en d\u00eda, es a mi padre a quien m\u00e1s respeto.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(BRASIL) &#8211; Como buen fot\u00f3grafo que es, Paulo da Fonseca describe en 683 palabras la fotograf\u00eda que guarda desde hace 28 a\u00f1os en un caj\u00f3n de su memoria: la del d\u00eda que su padre lo llev\u00f3 al circo, en su pueblo, para satisfacer su enorme expectativa de encontrarse con el poderoso le\u00f3n. La descripci\u00f3n, escrita a trav\u00e9s de una lente [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":10663,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[410],"tags":[500,1404],"class_list":["post-10662","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-miradas","tag-brasil","tag-paulo-da-fonseca-brasil"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.primerbrief.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10662","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.primerbrief.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.primerbrief.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.primerbrief.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.primerbrief.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=10662"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.primerbrief.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10662\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":10666,"href":"https:\/\/www.primerbrief.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10662\/revisions\/10666"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.primerbrief.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/10663"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.primerbrief.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=10662"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.primerbrief.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=10662"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.primerbrief.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=10662"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}