{"id":5521,"date":"2011-12-03T20:28:05","date_gmt":"2011-12-03T23:28:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.primerbrief.com\/?p=5521"},"modified":"2011-12-03T20:28:05","modified_gmt":"2011-12-03T23:28:05","slug":"una-estetica-de-la-humillacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.primerbrief.com\/?p=5521","title":{"rendered":"Una est\u00e9tica de la humillaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: 11pt\"><strong>(ARGENTINA) &#8211; Creativo publicitario <em>de los de antes<\/em>, educado en la publicidad cuando los departamentos creativos ol\u00edan a cemento de contacto, Miguel \u00c1ngel Molfino recuerda en este texto a un personaje cuyo nombre real ha sido \u00abcambiado para no exponerlo, una vez m\u00e1s, a la vindicta p\u00fablica\u00bb. Aun sin la verdadera identidad, la historia vale mucho la pena.<\/strong><\/span><\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.primerbrief.com\/wp-content\/uploads\/2011\/12\/1949-PueyProp-DomingoFenicioDirectorDeArte-GR.jpg\" onclick=\"_gaq.push(['_trackEvent', 'outbound-article-int', 'http:\/\/www.primerbrief.com\/wp-content\/uploads\/2011\/12\/1949-PueyProp-DomingoFenicioDirectorDeArte-GR.jpg', '']);\" ><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.primerbrief.com\/wp-content\/uploads\/2011\/12\/1949-PueyProp-DomingoFenicioDirectorDeArte-580px.jpg\" alt=\"\" title=\"1949-PueyProp-DomingoFenicioDirectorDeArte-580px\" width=\"580\" height=\"472\" class=\"alignleft size-full wp-image-5522\" srcset=\"https:\/\/www.primerbrief.com\/wp-content\/uploads\/2011\/12\/1949-PueyProp-DomingoFenicioDirectorDeArte-580px.jpg 580w, https:\/\/www.primerbrief.com\/wp-content\/uploads\/2011\/12\/1949-PueyProp-DomingoFenicioDirectorDeArte-580px-300x244.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 580px) 100vw, 580px\" \/><\/a><br \/>\n<em>D\u00e9cada de 1950: Domingo Fenicio, director de arte en la agencia argentina Pueyrred\u00f3n Propaganda, trabajando con l\u00e1piz, pincel, tijera y cemento de contacto sobre un original, en un tablero totalmente marcado por las obras y el tiempo. Veinte a\u00f1os despu\u00e9s, en la \u00e9poca de la que habla Molfino en esta columna, las herramientas de un director de arte no hab\u00edan cambiado en lo m\u00e1s m\u00ednimo.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<br \/>\n<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.primerbrief.com\/wp-content\/uploads\/2011\/11\/ARG-MiguelAngelMolfino-60x60px.jpg\" width=\"60\" height=\"60\" class=\"alignleft size-full wp-image-4110\" style=\"margin: 0px 10px 0px 0px\" \/><strong>POR <a href=\"http:\/\/www.primerbrief.com\/?tag=miguel-angel-molfino-argentina\" onclick=\"_gaq.push(['_trackEvent', 'outbound-article-int', 'http:\/\/www.primerbrief.com\/?tag=miguel-angel-molfino-argentina', 'MIGUEL ANGEL MOLFINO']);\" target=\"_blank\">MIGUEL ANGEL MOLFINO<\/a><\/strong><br \/>\nEspecial para PB<br \/>\n<strong><em>(Foto: <a href=\"http:\/\/www.facebook.com\/domingo.fenicio\" onclick=\"_gaq.push(['_trackEvent', 'outbound-article', 'http:\/\/www.facebook.com\/domingo.fenicio', 'Domingo Fenicio']);\" target=\"_blank\">Domingo Fenicio<\/a>)<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"clear:left;\">\n<p>&nbsp;<br \/>\nLa inconcebible dicha del viejo Antonio, all\u00e1 por el 78, nac\u00eda de su pertinaz vocaci\u00f3n para la indignidad. Bajo, gordito y cetrino, vest\u00eda invariablemente ropas descuidadas de alegr\u00eda. El viejo Antonio no era tan viejo: con 38 a\u00f1os se arrastraba por las agencias de publicidad porte\u00f1as siempre jodido por sus tropiezos, tiznado de tristezas y como ya dije, de humillaciones. Un amigo, hace d\u00edas, me avis\u00f3 que falleci\u00f3 \u2014hace a\u00f1os\u2014 en un accidente rid\u00edculo, como era de suponer, de \u00e9sos que no dan ganas de sobreponerse. Se resbal\u00f3 en la ba\u00f1era mientras una amiga pasajera lo enjabonaba: se desnuc\u00f3. Tal vez no soport\u00f3 la felicidad fugaz que le daba esa <em>geisha<\/em> de ocasi\u00f3n.<\/p>\n<p>Su voz aceitosa sol\u00eda comentar los dolorosos equ\u00edvocos a que lo somet\u00eda la vida. <em>Sos un personaje de Arlt<\/em>, le dijo alguna vez un compa\u00f1ero de agencia. Y ten\u00eda raz\u00f3n. El viejo Antonio era un remador de la desdicha, un Erdosain confuso y atropellado, un tipo hecho de mitades. <em>\u201cA m\u00ed siempre me recuerdan por los papelones<\/em> \u2014dec\u00eda\u2014<em>, y eso ya es mucho, creo\u201d<\/em>.<\/p>\n<p>Cuando me lo presentaron, se hallaba acodado a un tablero de dibujo donde terminaba de ilustrar un laborioso aviso color en acuarela para un detergente. As\u00ed se hac\u00edan los originales en esa \u00e9poca. Al pasarme la mano, volte\u00f3 el pote de agua sucia donde descansaban los pinceles. El alud l\u00edquido borrone\u00f3 el dibujo: ni siquiera caraje\u00f3. S\u00f3lo dijo: <em>\u201cCada vez lo hago mejor\u201d<\/em>, y sonri\u00f3 con sus ojitos tiernos y sin suerte.<\/p>\n<p>La esposa lo hab\u00eda abandonado hac\u00eda a\u00f1os: se hab\u00eda fugado con su hermano, sin antes decirle que Rub\u00e9n (el hermano) hab\u00eda sido siempre el amor de su vida.<\/p>\n<p>Durante una fiesta de la agencia, el viejo Antonio fue sacado a bailar por una bonita secretaria. No sab\u00eda bailar pero, en su estoico estilo, bail\u00f3 como pudo. Se enamor\u00f3 perdidamente de la piba, a la que asedi\u00f3 sin suerte con secretas cartas, todas ellas interceptadas por un cadete \u2014un verdadero alfil de la crueldad\u2014, quien las hac\u00eda p\u00fablicas en los almuerzos compartidos en un bar de Avenida de Mayo. Repudiamos en su presencia al cadete, pero Antonio nos disuadi\u00f3 argumentando: <em>\u201cEs mi culpa, tendr\u00eda que haber recurrido al morse y entonces, nadie hubiera entendido nada\u201d<\/em>. Tal vez todos intuimos en esa frase una demacrada est\u00e9tica de la humillaci\u00f3n. <em>\u201cEs mucho m\u00e1s f\u00e1cil ser h\u00e9roe\u201d<\/em>, acu\u00f1\u00f3, alguna vez, dej\u00e1ndonos pensando. O: <em>\u201cHay que ser altruista. Que aparezca un tipo m\u00e1s miserable que uno siempre nos conforta\u201d<\/em>.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed la clave del viejo Antonio: gustaba exponerse para que las leyes de la naturaleza le trabajaran <em>a piacere<\/em> la dignidad. Su existencia formaba parte del misterioso repertorio filos\u00f3fico con que el viejo Antonio nos avisaba de algo que seguramente jam\u00e1s descubriremos.<\/p>\n<p>Ahora muri\u00f3. Desnudo y enjabonado, lujoso en desgracias. Y si me fuera dado redactarle un epitafio, lo har\u00eda con aquella frase que nos dijo en una mesa de caf\u00e9: <em>\u201cYo nac\u00ed para probar que hay algo rid\u00edculo en todo \u00e9sto\u201d<\/em>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(ARGENTINA) &#8211; Creativo publicitario de los de antes, educado en la publicidad cuando los departamentos creativos ol\u00edan a cemento de contacto, Miguel \u00c1ngel Molfino recuerda en este texto a un personaje cuyo nombre real ha sido \u00abcambiado para no exponerlo, una vez m\u00e1s, a la vindicta p\u00fablica\u00bb. Aun sin la verdadera identidad, la historia vale mucho la pena. 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