Sólo los juveniles conocen el peso de la camiseta, se emociona Denis Vivoda

(IBEROAMÉRICA) – PRIMER BRIEF nació el 5 de septiembre de 2011 como una idea en la cabeza de Pancho Dondo, pero rápidamente creció hasta ser más. Hoy en día PB significa mucho para muchos, y uno de los que se animan a decir que “está en el inicio de mi carrera” es Denis Vivoda, redactor de esta revista, quien en una nota que más que nota es carta y más que carta es emoción, deja su experiencia, sus agradecimientos y, por sobre todo, su sensación de que el eslogan de la revista, el punto de encuentro entre los estudiantes de hoy y la publicidad de mañana, es sagrado.


“En un rinconcito me encontré con la revista”, recuerda Denis: aquí, imágenes del día en que se lanzó la primera de las ocho ediciones en papel que tuvo PRIMER BRIEF en 2012, presentada en aquella sucursal de Retiro que menciona Vivoda.

 
TEXTO POR DENIS VIVODA
Especial para PB

 
Hace mucho escribí un cuento. Escribí varios, pero lo que importa acá es que ese cuento específico era una apología de los juveniles, de los que empiezan desde abajo y saben lo que es ponerse la camiseta. Estamos terminando la semana del quinto aniversario de Primer Brief, y si bien ya el maestro Pancho dijo todo muchísimo mejor a lo que yo jamás podría, sigo pensando en ese cuento. Sobre esto tengo que escribir.

Y la cosa va así. Cuando abrís el portal de la revista ves que dice, ahí arriba, el punto de encuentro entre los estudiantes de hoy y la publicidad de mañana. Y quizás nunca lo procesaste, o quizás solo te pareció una promesa de tantas otras, vacía, como “el mejor desodorante en el mercado”, “sea un hombre nuevo”, etcétera, etcétera. Pero estoy acá, un misionero con muy poca onda, para contarte que en realidad esa frase es gospel.

Porque cuando decimos que Primer Brief es como un ascensor no mentimos. Porque conocí a Primer Brief un año antes de entrar a la carrera de publicidad, cuando todavía en quinto de la secundaria fui a la sede de Retiro de la Asociación Argentina de Publicidad a hablar con el Negro Germán Sotelo, y en un rinconcito me encontré con la revista. Porque quizás en ese momento pensé que trabajar en PB, o colaborar, al menos, sería una gran introducción al mundo de la publicidad, pero me olvidé del tema. Porque un par de años después mi profesora favorita (la misma profe que me impulsó a ser escritor) me frenó en el recreo para decirme que otro profe de la Facu estaba buscando un redactor para su revista. Porque minutos después conocí a Pancho Dondo.

Y qué decir de Pancho. Hoy puedo estar orgulloso de decir que es un amigo. Pero antes de eso fue un mentor. Y no puedo decirte a vos lo increíble que es entrar al mundo de la publicidad (un mundo que amo, repito) amparado por los consejos de Pancho, por su búsqueda constante de la perfección, por su búsqueda constante de ayudar a los otros (mi mamá dice que es un filántropo, y todo lo que dice mi vieja es ley). No sólo Pancho me impulsó como escritor, como redactor, sino que prestó sus oídos a todo lo que yo tenía para decir. A él le dejo en esta nota un “gracias” escrito con neones y con los colores del Cuervo, porque con lo que le debo no me importa dejar de lado unos segundos los colores de mi equipo favorito y tomar los de él. GRACIAS, PANCHO.

Y también fue gracias a una de las coberturas que hice para Primer Brief, en el Hilton (punto que me llevó a decir, una y otra vez, que el periodismo me deja ejercer mis dos más grandes virtudes: abusar de la comida gratis y chamuyar escribiendo), que conocí a otro juvenil, más metido en la publicidad que yo, más dispuesto a embarrarse la camiseta: José Escanés. Lo conocí en El Ojo 2014, y creo que desde ese día fue mi mejor amigo. Ahora el pibe es como un hermano, uno más de mi familia. Andá a saber por qué, será que los juveniles saben llevarse con otros juveniles.


El “Trío Los Panchos” antes de convertirse en Los Beatles (como Ringo Starr, Roberto Pollio fue el cuarto y último en sumarse a la “cooperactiva”).

 
Pero llegó un momento en el que cumplí una etapa en Primer Brief, y empecé en agencia, mucho más seguro al haber tocado a la publicidad de coté, como periodista. Aún así, como esos juveniles, el amor por la camiseta era demasiado grande. Veía todos los partidos (o las notas, o lo que fuera) estuviera donde estuviera, y si podía alentar, alentaba. Entró José a cubrir el puesto que yo había dejado en la cancha, y metió más goles que nadie. De nuevo, es esto que decía: los juveniles saben lo que es el amor por la camiseta.

A principios de este año el DT, Pancho, nos llamó a los dos juveniles y a una persona que, siguiendo con la metáfora, sólo puedo imaginar como el arquero que juega hace bocha en el club y se ataja todas, el 1 indiscutido: Roberto Pollio. Pancho nos explicó que quería armar una cooperativa entre los cuatro (una denominación que rápidamente evolucionamos a cooperactiva). Así como así, en un bar frente al Hospital Pirovano, el DT nos hacía titulares, nos daba la confianza para que saliéramos con los botines puestos y una fe inamovible de que, con este equipo, nadie nos puede ganar. Salimos a comernos la cancha. Con Rober, que como profesor se llevó todas mis admiraciones, ahí atrás, en el arco, bancando los trapos. Con el DT cerquita, quien se puso la camiseta y nos daba los pases. Ese día Pancho nos dio el primer ascenso de nuestras carreras, y por lo que es, por lo que significa, el más importante. Llegamos a jugar en Primera.

Es fácil imaginar que esto es una revista, que lo del ascensor y la Planta Baja es un chamuyo. Pero, para mí, Primer Brief fue exactamente eso: el punto de inicio en un mundo al que amo, con un montón de amigos, el primer partido de la temporada. Quién sabe adónde termine yo: lo único que importa es que tengamos la camiseta siempre a mano.

Y listo. Perdón por la biografía de un pibe que es nadie, al que nadie conoce. Esta semana Primer Brief cumple años, y en ese espíritu hoy vine a reafirmar eso que se intuye entre tantas entrevistas a estudiantes, algo que me gusta resumir en la hermosa y elocuente frase que me dio la bienvenida en la primera charla que tuve que cubrir para la revista:

“Buenas tardes, terrícolas, y bienvenidos al mundo de la publicidad”.
 
 

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